¿ES IMPORTANTE USAR EL NOMBRE “YAHWEH”?

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¿Por qué es Importante Usar  el Sagrado Nombre “Yahwéh”?

Por el Moréh John V. Cordaro

Prov. 22:1 dice: “Mas vale el buen nombre que las muchas riquezas…” y en Ecles. 7:1 leemos: “mejor es el buen nombre que el perfume fino….” En estos versículos se utiliza la palabra “nombre” como un sinónimo de “reputación.” La mayoría de nosotros estamos familiarizados con la monja católico romana, la Madre Teresa, que estuvo asistiendo a los necesitados de la India. Tenía un excelente nombre o reputación entre las gentes de este mundo. Ya ha fallecido, pero su buen nombre pervive. ¿Qué sucedería si los libros de historia se escribiesen de nuevo y su nombre, el de la “Madre Teresa” se eliminase y se escribiese “la monja” en su lugar? Que llegaría un momento en que su buen nombre caería en el olvido. El mundo dejaría de recordar a una persona a la que se la conoció como la “Madre Teresa” y en lugar de ello, recordaría el título genérico, que se podría aplicar a miles de monjas. Semejante cambio sería una trágica injusticia a una mujer tan grande como ella.

Semejante trágica injusticia es la que se le ha hecho al Nombre de nuestro Creador. Isa. 63:16 dice: “Pero tú eres nuestro Padre; aunque Abraham no nos conozca e Israel no nos reconozca, tú, oh Yahwéh, eres nuestro Padre. Desde la eternidad tu nombre es Redentor Nuestro (Yahwéh).” No hubo nunca un tiempo en el que “Yahwéh” no existiese. Después reveló su nombre a Adán, a Eva y a todos los grandes patriarcas. Reveló Su deseo respecto a Su Nombre en Exo. 9:16: “pero por esto mismo te he dejado con vida, para mostrarte mi poder y para dar a conocer mi nombre en toda la tierra.” Yahwéh quería que el mundo entero, no solamente Su pueblo Israel, conociese Su Nombre y lo declarase, debiendo proclamarlo de boca en boca, de la misma manera que nosotros trasmitimos las buenas nuevas de la salvación en la actualidad.

¿Pero qué sucedió? Durante el curso del tiempo el libro de historia más importante del mundo fue escrito de nuevo, eliminando el nombre de Yahwéh, y sustituyendo y poniendo en su lugar nombres genéricos (como kurios, el SEÑOR, DIOS). Como resultado de ello, el mundo ya no declara Su Nombre de boca en boca. Ya no reconocen al Creador de los cielos y la tierra, el Poderoso de Exodo, etc. etc. por Su Nombre eterno que es “Yahwéh.” En lugar de ello, profesan honrar y recordarle por los títulos que se pueden aplicar a muchos (1 Cor. 8:5), habiendo olvidado Su Nombre (Salmos 44:20, 21).

Yahwéh está actualmente obrando en los corazones de los hombres y de las mujeres de todo el mundo al ir él mismo restaurando Su Nombre y haciendo que salga de sus bocas. Leemos en Jer. 16:21: “Por tanto, he aquí yo les hago conocer; esta vez sí, les haré conocer mi poder y mi fortaleza. Y sabrán que mi nombre es Yahwéh. Es el propio Yahwéh el que está haciendo que las gentes, durante estos días de los últimos tiempos, sepan que Su Nombre es “Yahwéh.” Leemos una vez mas en Eze. 39:7: “Daré a conocer mi santo Nombre en medio de mi pueblo Israel, y nunca más permitiré que mi santo nombre sea profanado. Y sabrán las naciones que yo soy Yahwéh, el Santo de Israel.” Una de las maneras de corromper el Nombre de Yahwéh es sustituyéndolo por nombres y títulos falsos en su lugar. Eso hace que Su Nombre sea todo lo contrario de “santo” (algo apartado). El Nombre se convierte, entonces, en algo que carece totalmente de valor y significado.

Este sustituir el error por la verdad es una transgresión del mandato explícito de Yahwéh de no añadir ni eliminar nada de Su Palabra. Deut. 4:2 y Prov. 30:5,6 dice: “No añadáis a las palabras que yo os mando, ni quitéis de ellas, de modo que guardéis los mandamientos de Yahwéh vuestro Elohim, que yo os mando” y “Probada es toda palabra de Elohim; él es escudo a los que en él se refugian. No añadas a sus palabras no sea que te reprenda y seas hallado mentiroso.” El eliminar el Tetragrámaton YHWH de un texto es eliminarlo de Su Palabra. El sustituir “SEÑOR” o “DIOS”, “kurios”, “Adonai” etc. etc. en su lugar es añadir a Su Palabra y es pecado y los Creyentes no deben vivir en pecado, sino que hemos de adorarle en verdad, no en error.

El eliminar el Nombre de Yahwéh ha dado pie a crear confusión respecto a ciertos pasajes de las Escrituras. Por ejemplo, el Salmo 110:1 dice: “YAHWÉH dijo a mi Señor: ‘Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.” El primer Yahwéh (Señor) se refiere al Tetragrámaton YHWH, el Nombre del Padre Celestial. El segundo “Señor” es el “adón” hebreo y es una referencia al Mesías. Si no entendemos que “SEÑOR” todo con mayúsculas, es una sustitución del Nombre, resulta difícil discernir la diferencia que existe en las identidades de que se habla aquí. Hechos 2:21 dice: “Y sucederá que todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo.” Puesto que el título se aplica a Yahwéh y a su Hijo Yahshua, una lectura superficial de este versículo puede hacer que creamos que se refiere a Yahshua, sin embargo esta es una cita de Joel 2:32 en la que se usa “Yahwéh” en el texto hebreo, en lugar de seguir la costumbre del Antiguo Testamento, en lugar de poner “Señor” y es una referencia al Padre de Yahshua. De haber seguido los traductores la costumbre de usar todo en mayúsculas (SEÑOR) resultaría un poco más fácil saber a quién se está refiriendo, pero han optado por no aplicar la reverencia, que ha sido mal dirigida, al Nombre en el Nuevo Testamento.

Cuando el Todopoderoso envió a Moisés a liberar al pueblo de Israel de Egipto le dijo: “Así dirás a los hijos de Israel, Yahwéh, Elohím de vuestros padres, el Elohim de Abraham, el Elohím de Isaac y el Elohím de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi Nombre para siempre; este será el nombre con que seré recordado de generación en generación.” (Exo. 3:15) “Yahwéh” era el Nombre que Israel debía conocer y mediante el cual recordar al Todopoderoso. Como no había ningún otro ser, hombre o deidad, que llevase ese Nombre en el universo, resultaría de gran valor y sería conciso a la hora de reconocer a quién debían adorar. ¿Se identifica “el SEÑOR” con Yahwéh? “Baal” quiere decir “señor” en hebreo. Si yo digo: “adoro al Señor”, ¿a quién me estoy refiriendo: a Yahshua, a Baal, a Yahwéh o al Señor Krisna? Pero si digo “adoro a Yahwéh” no hay duda alguna a quién estoy alabando. Este Nombre, que era un recordatorio, habría de durar para siempre (Salmos 135:13) por muchos esfuerzos que realicen el hombre y Satanás por ocultarlo o destruirlo. Aquellos que se acuerdan de Su Nombre tendrán sus nombres escritos en el “libro especial memorial” (Mal. 3:16).

El Nombre de Yahwéh es tan importante que se usa como un sello para proteger a los siervos de Yahwéh. En Apo. 7:3 vemos a los 144,000 recibiendo la marca en sus frentes. Apo. 14:1 revela que la marca es el Nombre del Padre Celestial escrito en sus frentes. Estoy convencido de que esto es simbólico del conocimiento y del llamamiento, mediante el uso diario del Nombre “Yahwéh.” Sin ese sello los 144,000 lo que recibirían serían los juicios de la trompeta, de la misma manera que les sucederá a los malvados (Apo. 9:4). Los que venzan también tendrán el Nombre del Padre escrito en sus frentes (Apo. 3:12; 22:4).

El Nombre de Yahwéh aparece mas de 6,800 veces en el Antiguo Testamento hebreo. Pienso que fue inspirado para que se escribiese por dos motivos: 1) Para identificar al Creador y Elohim de Israel y 2) para que los que leen las Escrituras vocalizasen el Nombre. Con la eliminación del Nombre ninguna de estas dos razones puede convertirse en una realidad. La aparición del Tetragrámaton en el texto hebreo se convierte, entonces, en algo innecesario. El hombre ha exaltado su propia voluntad por encima de la del Todopoderoso, sus tradiciones por encima de los mandamientos de Yahwéh, y ha sustituido palabras que él mismo ha escogido (palabras, por cierto, que ni traducen ni transliteran el Tetragrámaton).

El Salmo 68:4 es uno de los 613 mandamientos positivos que se encuentran en las Escrituras, que dice: “¡Cantad a Elohim! ¡Cantad salmos a su Nombre! ¡Preparad camino al que cabalga sobre las nubes! ¡YAH es su Nombre, ¡Alegraos delante de El!” No sólo es que hemos de honrarle llamándole por Su Nombre, sino que hemos de exaltarle, alabarle, amarle, reverenciarle, santificarle, declararle, magnificarle, conocerle y caminar en el Nombre de Yahwéh (Isa. 12:4; Salmos 113:1; Isa. 56:6; Mat. 6:9; Isa. 29:23; Juan 17:26; 2 Sam. 7:26; Jer. 16:21; Mal. 4:5).

Y para terminar, por favor tenga en cuenta el tema de impartir la bendición sobre las personas. En Núm. 6:22-27 leemos: “Y Yahwéh habló a Moisés diciendo: ‘Habla a Aarón y a sus hijos, y diles que así bendeciréis a los hijos de Israel. Decidles: Yahwéh te bendiga y te guarde, Yahwéh haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia. Yahwéh levante hacia ti Su rostro y ponga en ti paz. Así invocarán mi Nombre sobre los hijos de Israel y los bendeciré.” No sólo es que este mandamiento del Todopoderoso nos enseña cómo impartir bendiciones a otros, sino que reconoce a Quién estamos pidiendo esa bendición pero, lo que es más importante todavía, el versículo 27 nos enseña que el Nombre de Yahwéh debe “colocarse sobre” el que la reciba. Esto se lleva a cabo imponiendo las manos y pronunciando o invocando el Nombre Sagrado de “Yahwéh.” Cuando se sigue este procedimiento en obediencia a las instrucciones que nos ha dado Yahwéh, El actuará favorablemente respecto a nuestra petición y bendecirá efectivamente al que la recibe.

La doctrina relacionada con el Nombre Sagrado es una de las enseñanzas más importantes que se encuentra en las Escrituras, si no LA más importante. El tomarse a la ligera el Nombre de Yahwéh es una grave equivocación y el rechazarlo, prefiriendo usar títulos y nombres falso es despreciar su importancia y considerarlo como algo vano (que no sirve para nada, como algo vacío y carente de valor).

Si está usted invocando a su Padre Celestial haciendo uso de los títulos inventados por el hombre, le aconsejo que piense en oración y detenidamente lo que acaba de leer. El Nombre Sagrado puede ser fácilmente restablecido y volver a ser pronunciado por sus labios si permite usted al Espíritu Santo guiarle a esta gran verdad.