LA “TEORÍA DE LA BRECHA”: Otra Refutación


por: Jack C. Scofield

Traducido por Luis Quirindongo

Prefacio

Cuando esta obra se escribió originalmente en el 1975, el libro Sin Forma y Sin Habitantes de Weston W. Fields no había sido publicado aún. Si lo hubiera sido, es dudoso que esta obra jamás se hubiera comenzado. Sin embargo, el trabajo del Dr. Fields es el resultado de su tesis doctoral, y está escrita para un alto nivel académico. Esta presentación está diseñada para el nivel de comprensión de la persona común y corriente. Su servidor está agradecido de que su tesis original haya sido apoyada por una obra tan erudita como aquella. Sin embargo, todavía es cierto que cuando a la mayoría de los cristianos se les pide su opinión sobre la “Teoría de la Brecha”, su contestación es algo como “¿Qué teoría es esa?” Esta contestación indica que a pesar de todo lo que se ha escrito acerca de la evolución teísta hasta la fecha, muy poco se ha enseñado en las Escuelas Dominicales o desde el púlpito sobre este tema. Esto es aún más peculiar, ya que esta teoría era una parte integral de las Anotaciones a la Biblia de Scofield. Ya que los versos iniciales de la Biblia son tan fundamentales para la comprensión y la aplicación correcta del resto de las Escrituras, nos incumbe el tener una comprensión correcta tocante al asunto de los orígenes del mundo (de aquí en adelante “los orígenes”) relatado allí.

Mi propósito al producir una obra de este tipo es de naturaleza doble. Por un lado, mi entrenamiento científico me motiva a ello, y por otro lado mi compromiso hacia la Biblia como la Palabra verbalmente inspirada e infalible del Dios vivo me sirve como un fuerte incentivo. Como persona entrenada en las ciencias que soy, he investigado tan exhaustivamente como me fue posible las alegaciones de la ciencia en el área de los orígenes y de la evolución. He encontrado que el concepto evolucionista del origen natural y el desarrollo de toda la materia en el universo está destituido de cualquier prueba científica verdadera y que no tiene tan siquiera una respuesta filosófica para explicar el origen, propósito y destino del hombre. La conectividad entre la evolución y la teoría de la brecha se hace evidente en los alegatos de la teoría que demuestran un deseo de proveer para los extensos períodos de tiempo, o “edades” y “eras”, requeridas para los conceptos evolutivos y de armonizar estas eras con la narración bíblica de la creación. Mi rechazo científico de las premisas básicas y del razonamiento que hay detrás de la teoría de la brecha es una razón para este esfuerzo.

En cuanto a la Palabra de Dios, la Biblia, quizás la mejor manera de resumir mis sentimientos es el referir al lector a un pasaje muy citado de la Escritura, 2da. de Timoteo 2:15. “Estudia para mostrarte aprobado ante Dios, como obrero que no tiene por qué avergonzarse, trazando correctamente la Palabra de verdad” (VKJ). Este verso señala tres facetas muy importantes al tratar con la Palabra de Dios. Primero, la Palabra debe ser estudiada “apasionadamente” y con “entusiasmo”, que es lo que la palabra estudiar implica. La Palabra debe ser más que sólo “leída”, ya que el estudio implica aprendizaje, y el aprendizaje solo nace de la comprensión. Es cierto que uno tendrá que invertir más esfuerzo y profundizar seriamente para llegar a esta comprensión, pero este esfuerzo proveerá una base sólida para cualquier acción resultante. Segundo, yo debo de emprender este estudio con el propósito de agradar a Dios y no para satisfacer las demandas de los hombres, ni para lograr que exista un detente entre las declaraciones de un Dios todopoderoso y omnisciente y el relativismo de las filosofías seculares y humanistas. Este propósito del estudio bíblico debe ser reconocido siempre, y no solo en el estudio personal, sino también en el estudio en grupo. Tercero, se me amonesta de que debo trazar la Palabra correctamente. La idea es que debo usar una línea recta en mi caminar a traves de las Escrituras y no un camino tortuoso que pueda llevar a la confusión y al malentendido. Es evidente que este verso de Timoteo implica que hay muchos que trazan la Palabra incorrectamente, y de este error debemos guardarnos. El permitir que una teoría secular decida el significado de muchos pasajes y versos importantes de la Escritura no es consistente con la amonestación antedicha. Este verso en 2da. de Timoteo es la segunda causa por la que he escrito.

Tengo confianza en que lo siguiente será comprensible, útil y significativo en su estudio de la narración bíblica acerca de las acciones de Dios durante la creación.

Definición

La teoría de la brecha postula que existe un lapso indefinido de tiempo entre Génesis 1:1 y Génesis 1:2. Este lapso de tiempo usualmente se entiende como uno bastante extenso (millones de años) y también se dice que abarca las llamadas “eras geológicas.” Los proponentes de la teoría de la brecha postulan que un juicio cataclísmico fue decretado sobre la Tierra como resultado de la caída de Lucifer (Satanás) y que los versos subsiguientes de Génesis capítulo 1 describen una re-creación o reformación de la Tierra a partir de un estado caótico y no un esfuerzo inicial de creación por parte de Dios.

Historia y Propósito

La teoría de la brecha no es una de origen reciente, sino que se remonta hasta el principio del siglo XIX cuando la nueva disciplina de la geología estaba entrando en la escena del mundo científico. Los teólogos no estaban en una posición intelectual para discutir, desde una base científica, las alegaciones de los geólogos de que los procesos responsables por la formación de los rasgos físicos de la superficie terrestre estaban ocurriendo en forma casi imperceptible como siempre lo habían hecho en el pasado (el principio de uniformidad). En vez de aceptar la acusación de que la narración bíblica ahora era inválida a la luz de los alegatos “científicos”, ellos escogieron acomodar la presentación escritural a las nuevas teorías geológicas. Un lugar había que encontrar para las amplias eras del pasado, mucho más allá de las narraciones acerca del primer hombre y su ambiente como se registra en la Biblia, y el lugar más cómodo para hacerlo era entré los dos versos antedichos del Génesis.

Aunque la teoría de la brecha (o la teoría de reconstrucción de ruinas, como en ocasiones se le llama) no es el único esfuerzo de hacer este tipo de ajuste, es la teoría más popular entre aquellos que entienden que la narración bíblica de los orígenes merece su atención. Aún hay algunos que han propuesto la colocación de la brecha antes de Génesis 1:1, pero insisten en que haya una “brecha” de todas maneras.

Es la opinión de este su servidor que aunque estos esfuerzos por reconciliar la Biblia con los postulados geológicos son muy entusiastas y sinceros, son con todo innecesarios. El Texto, como está dado, es lo suficientemente capaz de mantenerse en pie ante toda la crítica que pueda ser engendrada por los llamados “argumentos científicos” e interpretaciones teológicas. Debemos tener en mente un hecho importante al considerar la teoría de la brecha. Esta interpretación de Génesis y de los pasajes asociados de la Escritura no se desarrolló en un esfuerzo de resolver problemas aparentes con el Texto. No fue alguna dificultad con la caída de Satanás o la condición de la Tierra durante los seis días lo que precipitó el advenimiento de la teoría. Fue y todavía es un esfuerzo para resolver el problema del tiempo. El tiempo de la formación de la Tierra, según las ciencias naturales, es extremadamente largo y tendido, mientras la narración de la Biblia describe una formación relativamente reciente y rápida. Había, y todavía hay, muchos que son bastante reacios a hacer una elección definitiva entre estas dos versiones y, por tanto, se refugian en la teoría de la brecha.

Las Edades Geológicas y la Evolución

Como se ha señalado previamente, la teoría de la brecha, junto con otras teorías de acomodación, es un intento de reconciliar una edad sumamente grande para la Tierra, según es profesada por los geólogos, con la edad relativamente corta del registro bíblico. Ya que muchos proponentes de la teoría de la brecha negarían su creencia en un proceso evolutivo para la historia de la Tierra, nos es pertinente evaluar las “edades geológicas” para determinar si pueden, de hecho, ser separadas de la teoría de la evolución,.

Las edades geológicas representan la escala de tiempo de la columna geológica clásica. Esta llamada “columna” se compone de restos fósiles de animales y plantas encontrados en capas de roca sedimentaria e ígnea. Estos restos se organizan en capas y son interpretados por los geólogos y paleontólogos como un registro de secuencias de desarrollo gradual que se proponen demostrar el cambio evolutivo gradual de la vida vegetal y animal de formas sencillas hasta formas diferentes y más complejas. El registro de la ascendencia se entiende como que empieza con formas elementales en tiempos muy antiguos y sigue hasta las formas más complejas en los tiempos modernos. La Figura 1 muestra un diagrama simplificado de la columna geológica con las formas de vida que encierra y sus edades y eras de existencia. Lo más importante es entender que en la “columna geológica” las edades de las varias capas son determinadas por la forma de los restos fósiles encontrados en ellas. Niveles más antiguos en la columna son “antiguos” sólo porque contienen lo que se piensa son organismos más sencillos, más primitivos, menos desarrollados o no del todo evolucionados. Se presume que los invertebrados evolucionaron primero, seguidos de los peces, anfibios, reptiles y mamíferos, en ese orden. Debe ser obvio que la base de la estructura y el arreglo de la columna geológica es el concepto de organismos que evolucionan lentamente, lo que en realidad y hecho es la TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN según planteada por Carlos (Charles) Darwin en el 1859.

Uno puede fácilmente negar su adherencia a, o su creencia en, la evolución, pero la aceptación de la columna geológica con sus “edades” dependientes contradice esta afirmación. La situación es una de exclusión mutua entre ambas. Como correctamente expresa el viejo refrán: “dos leones machos no caben en la misma cueva”.

Problemas Científicos

Los teóricos de la brecha sostienen que la necesidad de una neo-creación, como dicen en su interpretación de Génesis capítulo uno, se basa en la pérdida de las plantas, la vida animal y los rasgos topográficos de la alegada creación anterior a causa de un juicio mundial, total y catastrófico decretado sobre la Tierra a causa de la caída del ser llamado “Lucifer”. El alegado juicio se vería como tan absoluto que aún causaría la pérdida de la luz en la superficie de la Tierra. Esto, por supuesto, implica que todo el sistema solar, si no todo el universo, fue destruido. No cabe duda de que tal acto judicial también tendría un efecto serio, si no desastroso, sobre los rasgos topográficos y geológicos de la Tierra entonces existente. La mayoría de los defensores de la brecha colocan este juicio catastrófico justo antes del esfuerzo neo-creativo. Sin embargo, su colocación en referencia al tiempo geológico, al principio o al final, no elimina el gran problema mencionado a continuación.

La teoría de la brecha existe con el propósito de permitir las “edades” geológicas según propuestas por la maqueta dada en la columna geológica. Esos geólogos que creen en la veracidad de esta “columna” en cuanto a su testimonio del desarrollo de la Tierra y de la vida no creen ni aceptan una causal catastrófica para las formaciones encontradas allí. Estos geólogos, siendo uniformitarios, rechazan de plano la teoría de la brecha como carente de validez alguna en describir la Tierra del pasado. Este es el primer problema. La teoría es rechazada por los mismos individuos a los que desea aplacar.

La Columna

Geológica y las Edades Geológicas1

ERAS PERÍODO CARACTERÍSTICAS AÑOS QUE HAN PASADO
Cenozoica Cuaternario Plantas modernas, animales y el hombre 25,000 a 975,000
Terciario Surgen los mamíferos y las plantas más avanzadas 12,000,000 a 70,000,000
Mesozoica Cretáceo Insectos modernos y la extinción de los dinosaurios 70,000,000 a 200,000,000
Jurásico Primeros pájaros reptilianos
Triásico Primeros dinosaurios y corales modernos
Paleozoica Permio Reptiles primitivos
Pennsylvanio Primeros insectos
Mississípico Surgen los anfibios
Devonio Primeras plantas de semilla, peces con esqueleto cartilaginoso 200,000,000 a 500,000,000
Silurio Primeros animales terrestres y peces
Ordovicio Primeros vertebrados y plantas terrestres
Cámbrico Sólo invertebrados, vida marina pequeña
Proterozoica Plantas y animales acuáticos primitivos 500,000,000 a 1,000,000,000
Arqueozoica Vida desconocida 1,000,000,000 a 1,800,000,000

Figura 1

El segundo problema es que los efectos de un evento catastrófico de tal magnitud en la historia de la Tierra, según lo postula la teoría de la brecha, pone en duda la supervivencia de los mismos fenómenos geológicos que la teoría trata de explicar. Una fuerza destructiva como para dejar la Tierra “desordenada y vacía” (terminología de la teoría de la brecha) en su totalidad de seguro alteraría o destruiría cualquier evidencia usada para tan siquiera aducir la columna geológica o las edades geológicas.

Si, como afirman algunos teorístas de la brecha, este juicio fue el responsable de la formación del registro fósil, entonces la columna geológica debió de haberse formado rápidamente contrario a la opinión de los geólogos evolucionistas. Entonces no hubieron ningunas edades geológicas extensas en primer lugar. Sin importar qué camino trate de emprender la teoría de la brecha en cuanto al juicio catastrófico usado para castigar a “Lucifer” antes o después de las edades geológicas, la teoría se niega a sí misma. O sea, el mismo concepto que la originó es eliminado por ella. A esto se le puede llamar un concepto “suicida”. A pesar de este impase en lógica y la presencia de problemas tan imponentes, se cree que la teoría de la brecha es apoyada por referencias de la Escritura. Esto parece contradecir la misma naturaleza y carácter del Dios que dice “…razonemos juntamente…”

Pruebas de la Teoría de la Brecha

Ya que muchos defensores de la teoría de la brecha creen en la validez de las Escrituras, hacen un esfuerzo por sustanciar las alegaciones acerca de la “brecha” apelando a estudios textuales y referencias bíblicas conexas a los comentarios y frases encontradas en la narración del Génesis. Estas referencias no son muy numerosas, y podemos esencialmente discutirlas todas en este artículo.

La primera “prueba” ofrecida es usualmente un esfuerzo para generar una distinción impenetrable entre las palabras “crear” y “formar” mencionadas en el primer capítulo del Génesis. El argumento es entonces que solo la palabra “crear” (bará en hebreo) puede significar el generar algo de la nada y por consiguiente las palabras “hacer” o “formar” (asah en hebreo) deben ser interpretadas como indicando una “remodelación” o el formar algo a base de material preexistente. La teoría de la brecha supone que este material preexistente es la sustancia o el escombro que quedó luego de que la Tierra sufriera el juicio divino que hemos descrito anteriormente. Aunque es cierto que las dos palabras en cuestión no son iguales y pueden tener significados separados y distintos, también se usan como sinónimos a través de las Escrituras. De hecho, “bará ” no siempre es usado para describir el formar de la nada. La palabra es usada en Isaías 65:18 como referente a una Jerusalén restaurada y no a la creación original de esta ciudad. La distinción hecha en apoyo de la brecha es artificial y forzada en el mejor de los casos. El que ambas palabras son usadas para expresar el mismo concepto en cuanto a las capacidades creativas de Dios se puede ver comparando a Génesis 1:1, que usa “bará ” con los siguientes versos (todos de la VKJ) que usan “asah.”

Génesis 1:31; 2:2-4
Éxodo 20:11
2 Reyes 19:15
2 Crónicas 2:12
Nehemías 9:6
Salmos 33:6; 96:5; 115:15; 121:2; 124:8; 134:3; 136:5; 146:6
Proverbios 8:26
Eclesiastés 3:11
Isaías 37:16; 44:24; 45:12, 18
Jeremías 10:12; 27:5; 32:17; 51:15

De los veintiséis versos mencionados arriba, todos usan la palabra “asah” (formar) y no “bará ” (crear) para describir las mismas acciones de Dios en Génesis 1:1, donde se usa “bará”. Mientras lee estos versos, notará usted que la mayoría de los pasajes citados se refieren explícita y marcadamente a la “creación” de los cielos como se menciona en la narración de Génesis 1:1. Claramente las dos palabras son sinónimas al momento de describir las acciones creativas de Dios. Las dos palabras en cuestión, “crear” y “formar,” también se usan con el mismo propósito y significado cuando los animales y el hombre son creados. Compare Génesis 1:21 con el 1:25, y luego el 1:26 con el 1:27. No es debatible que el verso 1:21 solo se refiere a “vida consciente,” aún cuando el cuerpo físico de los animales también está incluido en el acto mencionado. Así que es imposible concluir que hay suficiente distinción entre “bará ” y “asah” como para interpretar esta última en un sentido que la restrinja solamente a un significado de “remodelación” en la narración del Génesis. Cada palabra puede ser y es usada para describir los actos creativos “ex nihilo” (“de la nada”) de Dios

Una segunda “prueba” propuesta para sostener la teoría de la brecha es la declaración de que la palabra “estaba” en Génesis 1:2 debe traducirse “se volvió”. Esto, por supuesto, se hace para permitir que ocurra un cambio de estado entre el verso uno y el verso dos. O sea que la creación inicial y perfecta del verso uno “se volvió” desordenada y vacía, indicando que hubo una transición. Es cierto que la palabra usada aquí en el texto de Génesis puede ser traducida como “estaba” o “se volvió”, pero es el contexto del pasaje el que indica cual palabra debe usarse. Esto significa que la trancisión o cambio de estado debe entenderse claramente desde el principio a base de la imagen (o contexto) general que se presenta en el pasaje. Quizás con unos pocos ejemplos será suficiente. Pasajes como Génesis 3:22; 19:26; 21:20 y Éxodo 7:19; 8:17; 9:10 demuestran el uso correcto de “se volvió” en su contexto.

En cada caso se observa un cambio de estado. Adán llega a ser como Dios; la esposa de Lot se vuelve una estatua de sal; Ismael se vuelve un arquero; el agua se convierte en sangre; el polvo de la tierra se convierte en piojos; las cenizas se vuelven una úlcera. “Volverse” es obviamente la palabra correcta en cada uno de estos pasajes ya que ninguno de los sujetos existía originalmente en la condición mencionada. De hecho, estos pasajes representan en su totalidad el uso de “volverse” como traducción de la palabra en cuestión a través de todo el Pentateuco. Un paralelo gramático exacto de Génesis 1:2 se encuentra en Jonás 3:3 donde leemos, “Y Jonás se levantó y fue a Nínive . . . y Nínive era una ciudad grande en extremo.” (VKJ). Es obvio que Nínive no se volvió una gran ciudad cuando Jonás entró en ella, sino que su grandeza describe su condición existente en el momento de su entrada. Este es el caso en Génesis 1:2. La Tierra estaba, desde el evento creativo descrito en el verso uno, en una condición descrita como “desordenada y vacía.” Esta era la condición presentemente existente y no representa un cambio de estado o condición. No hay palabras en el texto inmediato o circundante que guiarían al lector a ver la condición de la Tierra en un contexto que exija el uso de la frase “se volvió” en lugar de la palabra “estaba.” La traducción “estaba” ocurre varios cientos de veces en el Pentateuco, cada vez en el contexto de un estado existente. El “y” o el “ahora pues” que da apertura al verso dos parece tener un propósito doble. Uno, el de hacer una trancisión suave y fluida desde el verso uno, o sea, mantener el diálogo fluyendo sin interrupción; y el otro es el dirigir nuestra atención de la creación de Dios que todo lo abarca, cielos y tierra, y dirigirla a una perspectiva más específica, la tierra misma. El resto de la discusión, y de hecho la mayoría de la Biblia misma, trata con eventos que incumben a la Tierra. Por tanto, la afirmación de que la Tierra “se volvió” y que no “estaba” en realidad no puede usarse para apoyar los postulados de la teoría de la brecha. Sí logra, con todo, al igual que otros de estos llamados “textos prueba”, añadir peso al conocido dicho de que “un texto fuera de contexto es un pretexto.”

Apoyo adicional para la teoría de la brecha se recluta, o mejor dicho, se conscribe, de la frase “desordenada y vacía.” Se hace un llamado a considerar otros textos bíblicos donde se encuentran estas dos palabras juntas y se señala que estos pasajes, Isaías 24:1 y Jeremías 4:23, expresan juicio en cuanto a carácter y contexto. Esta alegación solo es cierta si se limita el contexto a los versos, porque cuando son considerados en su contexto completo el apoyo empieza a desvanecerse. En ambos de los pasajes citados el juicio decretado es para el futuro y no es una mención de una acción de Dios en el pasado. Los sujetos del juicio son Israel y Edom y no toda la Tierra. No solo es un juicio futuro limitado a pueblos específicos, sino que el juicio mencionado es en sí mismo limitado, no un juicio absoluto y mundial como el requerido por la teoría de la brecha. Tanto Isaías como Jeremías, en el contexto de los juicios individuales, muestran que habrán supervivientes en la tierra (o la nación) que ha de ser dejada “desordenada y vacía.” Esto definitivamente no sería cierto para la condición propuesta como consecuencia de la catástrofe mundial.

Estos dos versos no son los únicos que contienen estas dos palabras en el Antiguo Testamento. Son usadas en muchos lugares y traducidas como varias palabras diferentes. Sin entrar en un análisis exhaustivo de estos versos, es suficiente decir que todos se traducen satisfactoriamente usando el hebreo “tohu” y “bohu” (sin forma, vacío) como “desértico” y “sin vida”. Usualmente la implicación es la de un lugar inapropiado para la vida, como un desierto, por ej. Esta condición puede ser el resultado de la ejecución de un juicio, pero nuevamente, el contexto debe demostrar que ese sea el caso. Es difícil, si no imposible, exegetar un contexto de juicio divino a partir de Génesis capítulo uno. Es claro a partir del texto que las cualidades necesarias y deseables de una Tierra que fuera apta para la vida humana estaban ausentes en Génesis 1:2, sin embargo, esto no justifica la interpretación de “desordenado y vacío” como arruinado, caótico o juzgado.

Una apelación adicional es hecha por los teóricos de la brecha a Isaías 45:18 sonde se dice que la Tierra no fue creada en “vano” (tohu). Ellos reclaman que como esto es así en Isaías, el “tohu” de Génesis 1:2 imposibilita el que la acción de Génesis 1:1 sea contigüa. Pero cuando se considera el resto de Isaías 45:18 el contexto se hace claro. El verso continúa señalando que “Él (Dios) la formó (la Tierra, asah) para que fuese habitada.” La palabra opuesta a “vano” es “habitado”, así que permite la interpretación de “tohu” como inhabitado. El verso, por ende, no habla de una condición, sino de una intención o propósito. No era el propósito de Dios el crear la Tierra para seguir deshabitada y el resto de la narración de Génesis cuenta de cómo Dios logró Su fin deseado, una creación completa habitada por aquellos creados a Su propia imagen. El concepto de “desierto” o “vacío” todavía es válido. Por tanto, la frase “desordenada y vacía” no indica un estado caótico, sino que la Tierra está en orden y esperando instrucciones subsiguientes de Dios.

Algunos teóricos de la brecha continúan en el verso dos del primer capítulo de Génesis interpretando la palabra “tinieblas” como describiendo una condición maligna o inmunda. Esto, sin embargo, es un significado forzado de la palabra a causa de la teoría y no el significado del texto. Si procedemos al verso cinco nos encontramos a las tinieblas recibiendo un nombre, “noche”, y siendo consideradas como parte del día de veinticuatro horas como definen las palabras “tarde” y “mañana”. No hay nada en el texto que indique el que las tinieblas materiales, y esto es lo que tenemos en perspectiva aquí, tenga cualquier connotación maligna. De hecho, el Salmista declara en el Salmo 104:20: “Tú (Dios) creas las tinieblas”. . . y luego continúa en el verso 24, todavía en contexto, a declarar “Oh Señor, cuan admirables son tus obras, en sabiduría las has hecho todas” (VKJ). La referencia, por supuesto, es a las tinieblas materiales o la noche, y no hay connotación maligna implicada. El decir que existe una condición maligna en Génesis 1:2 a causa de las tinieblas materiales es darle un significado a la palabra que no se encuentra en ninguna otra parte de las Escrituras. Las tinieblas espirituales son otro asunto por completo, pero no hay causa para hacer este tipo de inferencia a partir del verso de Génesis analizado.

Otro lugar a donde frecuentemente se dirige la atención es a la palabra “llenad” en Génesis 1:28, que algunos interpretan como “re-llenar” o “restaurar” en un esfuerzo por apoyar el postulado de la teoría de la brecha de que esta es la segunda oportunidad para la vida en la Tierra. Al buscar en un léxico hebreo bastante comprensivo, fui incapaz de encontrar una sola palabra que denotara “restaurar” o “volver a llenar.” Solo la palabra “llenar” se menciona y nuevamente el contexto del pasaje es el que debe determinar si debe entenderse una llenura inicial o subsiguiente. Dentro del verso en cuestión no hay causa textual para usar la frase “volver a llenar”, como sí podría hacerse en Génesis 9:1 cuando Noé y sus hijos tienen el trabajo de empezar nuevamente. No puede dejar de enfatizarse la importancia de la consideración contextual al investigar el significado, uso o implicación de palabras o frases en las Escrituras.

Quizás la “prueba” más usada que se ofrece a favor de la teoría de la brecha está en la especulación de que la “brecha” provee un lugar excelente para insertar cronológicamente la caída y juicio de Lucifer en la historia de la Tierra. Se evocan detalles muy elaborados para visualizar la creación perfecta en el verso uno damnificada por un juicio cataclísmico sobre el pecado en el verso dos que fue consecuencia de la actitud soberbia de Lucifer hacia Dios y el castigo (de Lucifer) que siguió a esto. Este argumento es probablemente el más impresionante de todos ya que Satanás (Lucifer) es una realidad viable para aquellos que creen en las Escrituras, y su actitud hacia Dios y la actitud de Dios hacia él se revela claramente. Los textos de “prueba” que se ofrecen en esta ocasión son, por supuesto, Isaías 14:12 al 15, y Ezequiel 28:12 al 19. Estos textos han sido citados con el fin mencionado anteriormente tantas veces que hemos desarrollado una tendencia de aceptarlos como tales. Sin embargo, es aparente que un estudio muy cuidadoso de todo el contexto y de las palabras usadas en los textos antedichos nos muestra una imagen un tanto diferente. Primero considere el pasaje en Isaías. Para completar el contexto, lea por lo menos desde el capítulo 13 y lea hasta el verso 23 del capítulo 14. Uno inmediatamente notará que el objeto de todo el juicio declarado en este pasaje es el reino de Babilonia. La profecía se declara como concerniente a Babilonia (capítulo 13:1) y su juicio, y en el capítulo 14 se menciona por primera vez la restauración de Israel, y entonces la porción bíblica desde el verso 4 hasta el 23 se le llama un “proverbio” o “discurso de escarnio” (VKJ, nota marginal). Esto ha de ser un “refrán”, por decirlo así, de Israel acerca de su enemigo y antiguo conquistador durante la cautividad. Con Israel, el reino pisoteado, ya restaurado en los versos 1 y 2 y Babilonia la grande totalmente destruida, Israel puede jactarse ante las otras naciones del favor (el de Israel) delante del Señor (quizás como una advertencia) y han de hacerlo con el pasaje en consideración. El verso 12 del capítulo 14 no empieza con un nuevo comentario acerca del tema, sino que es una parte integral de una narración fluida que describe a Babilonia como vencida y demolida. Quizás es la palabra “Lucifer” del verso 12 que hace que este verso se saque de su contexto y se use para describir un evento totalmente distinto. Las palabras hebreas que se traducen “Lucifer” significan literalmente nada más que “estrella de la mañana”, “el brillante” o “el sol del amanecer,” y se usan para describir al rey de Babilonia. Los babilonios le atribuían mucha credibilidad a la astrología y quizás hay alguna implicación de esto en este pasaje. El lenguaje usado en el texto es uno que el rey de Babilonia con toda probabilidad usaría para describirse a sí mismo, y por tanto se vuelve aún más cáustico (el propósito del refrán) al compararse con su aciago final. El lenguaje de los versos 13 y 14 también reflejan el pensar extremadamente egocéntrico que usualmente permea la mente de un monarca absolutista y tiránico. El propósito de tales descripciones es el de establecer un contraste muy vivo y marcado entre las dos condiciones del reino de Babilonia, desde las alturas de la grandeza y la prosperidad hasta las profundidades del infierno eterno.

El pasaje continúa describiendo algunas de las acciones del rey, como “hacer temblar los reinos” y “destruir ciudades”. Esto, por supuesto, requeriría que una civilización (humana) estuviera presente en el momento, y al juicio de tales personas. Si la brecha existe, presenta unos problemas teológicos muy difíciles en cuanto a su destino eterno, que no se discutirán en este artículo. El rey también es descrito como uno que “. . . a sus cautivos nunca abrió la cárcel”. Esto sin duda, se refiere a la cautividad de Israel en Babilonia y no a una acción del mismo Satanás. El texto continúa describiendo reyes que han muerto antes de la caída del monarca en cuestión, (versos 18-20) y que no fueron destruidos en un juicio mundial. Un hecho adicional debe señalarse para establecer que el sujeto del pasaje es un rey humano y no Satanás. El verso 22 declara que Dios evitará que cualquier pariente del depuesto monarca jamás vuelva a ocupar el trono del reino. Dios dice, en efecto, que Él va a terminar la dinastía. Ciertamente no hubiera habido necesidad de tal acción si Satanás hubiera sido el monarca en cuestión. Los ángeles del cielo no tienen descendencia. La conclusión, entonces, es que el pasaje que analizamos se refiere de una manera bastante explícita a un gobernante humano que vive, reina y muere luego de los eventos de Génesis capítulo uno.

En cuanto al pasaje de Ezequiel, quizás hay más debate en cuanto a la aplicación de este texto que en cuanto al mismo pasaje de Isaías a causa del lenguaje que se usa. Sin embargo, el texto mismo nos dice a quien debe ser aplicado el mensaje: “una lamentación sobre el rey de Tiro”. De hecho, el contexto de este pasaje se remonta hasta el principio del capítulo 26 donde comienzan las profecías en contra de Tiro. También debe notarse que la sección de Ezequiel que comienza con el capítulo 19 y continúa hasta el capítulo 39 consiste de una serie de profecías contra varias naciones y ciudades-estado, específicamente Israel, Jerusalén, Samaria, Babilonia, Amón, Tiro, Egipto, Seir, Gog, Magog y otros individuos y lugares. Todas estas profecías están dirigidas al futuro de reinos reales, terrenales y humanos, y no hay ninguna sugerencia de que a Ezequiel se le haya encomendado decir una profecía contra ninguna criatura celestial. Aunque se argumenta que el lenguaje del capítulo 28:12-17 no puede ser aplicado a ningún rey terrestre, sino que debe referirse a uno que posea cualidades angélicas, también puede decirse que se está desarrollando el mismo contraste que en el pasaje de Isaías. Aunque el lenguaje es altamente simbólico y figurado, es un esfuerzo por demostrar que la elegancia de la posición y posesión de autoridad no debe irse a la cabeza del que la tiene. No importa cuán exaltado sea el lugar o la persona ante los ojos del hombre, siempre hay una responsabilidad hacia Dios ligada a la condición bendecida. Toda autoridad es dada por Dios (Romanos 13:1) y por tanto la autoridad es responsable ante Dios. Cuando el líder de una nación o cualquier autoridad comienza a verse a sí misma como la fuente de tal autoridad y se llena de un amor propio inmerecido, usualmente es derribada de manera humillante.

Lenguaje similar al del capítulo 28:12-17 se encuentra en el capítulo 31:3-17 donde los ya caídos asirios se describen como la envidia de “todos los árboles del Edén que estaban en el jardín de Dios”. Su caída a causa de su arrogancia se describe en el verso 10 de este pasaje. El verso 18 indica que se está usando simbología referente a todos los árboles del Edén ya que se dice que fueron “cortados” y “echados en las partes más oscuras de la Tierra”. Es este mismo tipo de simbología que se usa durante todo el discurso de Ezequiel, y no puede ser ligada firmemente a la descripción de una caída previa de Satanás y la entrada del pecado al universo. Cómo Satanás llegó a ser lo que es, es un completo misterio, pero el juicio y la caída del cielo se describe y es un evento futuro, no historia del pasado. Satanás todavía tiene acceso al cielo según la narración de Job 1:6,7 indica claramente. Satanás también se presenta como parado delante del trono celestial acusando a los hermanos. Apocalipsis 12:7 al 13 describe esto y la caída de Satanás a la Tierra. Apocalipsis 20:10 describe el juicio impuesto sobre Satanás. El comentario de Jesús en Lucas 10:18 solo puede interpretarse como una declaración profética a la luz de los versos de Apocalipsis. No hay otros versos en toda la Biblia que impongan una interpretación histórica, contrario a una profética, de estos versos.

Los versos de Génesis capítulo 1 definitivamente describen el principio del universo material (el tiempo, la materia/energía, y la dimensión) apropiado para ser habitado por el hombre. Job 39:7 da lugar a la inferencia de que hubo seres espirituales presentes durante este evento. Por supuesto, sabemos que todas las cosas fueron creadas (Col. 1:16, Juan 1:3), pero la cronología de los seres espirituales creados no es dada. Debe de notarse que aunque Satanás ya estuviera “caído” antes de la creación del universo físico, al universo físico todavía podía llamarse “muy bueno”. Uno puede especular que cuando “cantaban las estrellas del alba” y “los hijos de Dios gritaban de alegría”; Satanás, viendo la creación de la Tierra y de los habitantes de ella, quiso gobernar sobre ellos. Esto, por supuesto, no apoyaría el postulado de la Teoría de la brecha de una “caída” entre los versos 1 y 2 de Génesis. El encontrar a Satanás en su estado degenerado en Génesis 3 siempre ha sido un acertijo teológico.

Regresando por un momento a los textos “prueba” de Isaías y Ezequiel, no encontramos en estos textos ninguna fraseología o comentarios que impliquen o expresen que el juicio decretado sobre los varios reyes y reinos fuera mundial en escala o efecto. Así que aún si se fuera a permitir un paralelo entre estos versos y la caída de Satanás, no hay justificación textual para estipular un juicio mundial y cataclísmico sobre todo la Tierra en tiempos antiguos. El único juicio de tal naturaleza hasta la fecha se encuentra en Génesis capítulo 7 y este evento es sucesivo al de Génesis 1:1 y 2.

En cuanto al hecho de la caída de Satanás y la “brecha” del Génesis, puede hacerse la pregunta: “Si la brecha es un intervalo de tiempo necesario durante el cual sucede la “caída”, cuánto tiempo toma el lograr tal “caída” y el juicio subsiguiente?” Uno en realidad no puede contestar esta pregunta. Sin embargo, las descripciones de la caída (Lucas 10:18 y Apocalipsis 12:19) implican definitivamente un descenso rápido, y el juicio (Apocalipsis 20:20) no aparenta ser un evento duradero. Así que si permitimos, para efectos del análisis, que este evento futuro sí ocurriera entre Génesis 1:1 y el 1:2, no hay necesidad de postular edades extensas de tiempo, fuera de permitir las edades geológicas de las suposiciones evolutivas.

Problemas de Armonía Textual

Ya hemos examinado en algún detalle los versos citados por los teóricos de la brecha en apoyo de su postura. Hay muchos otros problemas escritúrales que la teoría de la brecha también debe enfrentar. Al entender la Palabra de Dios debemos considerar cada parte del texto revelado en relación a cada otra parte. O sea, las Escrituras deben presentarse como un todo unido, que no es contradictorio y es comprensivo en todas sus partes. Cada precepto y doctrina es apoyado por cada parte pertinente de la Biblia y cuando ocurren conflictos, debemos cuestionar nuestra interpretación o entendimiento del objeto en cuestión. La teoría de la brecha debe ser analizada de la misma forma. Las afirmaciones descriptivas promulgadas en apoyo de la teoría debe ser comparadas con toda la Escritura, no solo con los textos “prueba” que ya hemos considerado. Con esto en mente le ofrecemos lo siguiente para su análisis.

La secuencia del desarrollo de la creación (seis días) no solo debe entenderse en un sentido cronológico, sino que también debe considerarse como un evento cumulativo. O sea, las condiciones que existieron al final del día uno todavía están presentes en el día dos, y los resultados al final del día dos en realidad representan la suma de las acciones del día uno y dos, y así sucesivamente a través de la semana. Los teóricos de la brecha tienen a Satanás caído a la Tierra antes del día uno, pero todavía presente en la semana subsiguiente. Ellos postulan, por ejemplo, que el día dos no se describe como “bueno” porque la atmósfera fue hecha en ese día, y Satanás es el “príncipe de la potestad del aire” (Efesios 2:2). Hay dos problemas que enfrenta este razonamiento. Primero, Satanás también es conocido como “el príncipe de este mundo” tres veces solamente en el Evangelio de Juan, y la Tierra (mundo) es con todo llamada “buena” en Génesis 1:10. Segundo, si Satanás está presente ––y todos estamos de acuerdo que él es la encarnación de todo lo que es malo e inmundo ¿porqué la oración de resumen en Génesis 1:31 declara que todo lo que Dios había hecho durante esa semana no era solo “bueno” sino “muy bueno”? Por casualidad, este verso también incluye los actos creativos del segundo día, cuando la atmósfera fue hecha, así que también ella es considerada “muy buena”. Se supondría que habrían condiciones presentes en la Tierra (el registro fósil) sucesivas al juicio de la teoría de la brecha y durante la semana de la creación que darían testimonio explícito a la muerte y destrucción de la supuesta ira de Dios. Como pudieran estas condiciones, que todavía estarían presentes en el “registro fósil”, ser llamadas “muy buenas” con la causa (Satanás) de la destrucción todavía rondando libremente por la Tierra; es difícil de entender.

Los teóricos de la brecha desean que creamos que hubo un gran quiebre cronológico entre Génesis 1:1 y 1:2 y luego en el verso tres la semana de la “neo-creación” comienza. Este razonamiento separaría la “creación de los cielos y la Tierra” del resto de la semana por un período de tiempo indefinido, y entonces por esto, con su propio razonamiento, la creación de los “cielos y Tierra” no se pueden considerar parte de la semana neo-creativa que sigue. Hay algunas Escrituras que están en desacuerdo con esta lógica, específicamente Génesis 2:1 al 4 y Éxodo 20:11 y 31:17. Estos versos claramente incluyen la creación o la formación de los “cielos y Tierra” dentro de los seis días creativos. El insistir en una creación de “cielos y Tierra” separada de los seis días mencionados anteriormente es hacerle una gran injusticia a estos textos. Cabe señalarse que la afirmación de Génesis 1:1 es la única afirmación creativa en todo el primer capítulo que hace referencia a los “cielos”. Si van a entenderse las palabras de los versos del Éxodo en el sentido de su significado claro y sencillo y en su uso usual y ordinario entonces debemos concluir que el primer día comenzó con Génesis 1:1, y por tanto no hubo brecha.

El juicio postulado del mundo pre-Adámico, según los teóricos de la brecha, es un trato total y catastrófico del pecado como resultado de la caída de Satanás. Este juicio se presenta como destruyendo una Tierra perfecta y a todos sus habitantes. Se asume que esta destrucción culminó en la muerte de aquellos seres primitivos que poblaban la Tierra en aquel entonces. Ya que obviamente estamos tratando con la Tierra y no con todo el universo, nace un conflicto severo entre la teoría y las demás Escrituras. Un estudio del capítulo quinto de Romanos revela que la muerte no apareció en la tierra antes de la transgresión de Adán. Además de esto están las afirmaciones de 1ra. de Corintios 15:21 y 22 de que “por un hombre vino la muerte” y “en Adán todos mueren”. Puede verse fácilmente a base de estas Escrituras que la muerte en la Tierra no precedió al pecado de Adán, sino que fue una consecuencia de él. El insistir en que cualquier cosa murió antes del juicio de Adán es estar en contradicción con estos pasajes de. Romanos y Corintios. Recordemos que una de las razones para tener una teoría de la brecha en primer lugar es acomodar las edades geológicas con sus extensos registros fósiles. El registro fósil que se dice fue desarrollado a través de los siglos y las eras testifica clara y elocuentemente de la muerte y la destrucción, y si se permite que estas se encuentren antes de la caída de Satanás o de Adán como reclaman los adherentes de la teoría, entonces la lógica nos lleva a concluir que la muerte no es el resultado del pecado de nadie, sino que debe ser parte del diseño y propósito de Dios en Su alegada creación “original”. Este raciocinio es bastante contrario a la personalidad y el carácter de Dios. En un contexto de juicio y muerte merecida (Ezequiel 18:32 y 33:11), Dios declara “No tomo ningún placer en la muerte de aquel que muere” (VKJ, énfasis mío).

Parece a base de los alegatos de la teoría de la brecha que el registro fósil puede explicarse en una de dos formas. Primero, el concepto evolutivo clásico de la formación y desarrollo gradual a base de procesos que se observan en el presente (?) actuando en escalas presentes (uniformitarismo), o como resultado del mencionado cataclismo por el juicio de Satanás. El primer concepto, que necesita las “edades” geológicas y es creído por una gran parte de la humanidad, lo rechazamos como un concepto a todas luces anti-científico para explicar la muerte súbita y la preservación de las partes blandas de las estructuras animales. El segundo concepto permite un cambio abrupto en el ambiente que pudiera lograr el resultado deseado. Hay, sin embargo, un problema significativo con este concepto ya que ubica la catástrofe mundial antes del gran diluvio universal en los tiempos de Noé, que en realidad es la verdadera explicación para la mayoría del registro fósil. Si el evento ruinoso de Génesis 1:2 es la causa del registro fósil que vemos hoy día, que efecto tuvo la inundación de Génesis capítulo 7 sobre la Tierra? En un esfuerzo por resolver este problema, muchos teóricos de la brecha han propuesto una de dos visiones del diluvio. El primero, y el más absurdo, es el de un diluvio “tranquilo”. En este concepto el agua que cubrió la Tierra subió y bajó con poco más que unas olas pequeñas. Se presume que la caída de las aguas fue tan suave que no tuvo efecto alguno sobre la superficie de la Tierra. Esto imposibilita el efecto del oleaje, así que la luna, cuya atracción de gravedad es responsable por el oleaje marino, no debía de haber existido tampoco. También, el solo observar una gran tormenta de lluvia refuta este concepto. La segunda y más empleada visión es que el diluvio del tiempo de Noé fue un diluvio “local” y no mundial en alcance ni efecto. Esata idea está en conflicto con muchos pasajes de la Escritura descriptivos del diluvio, pero el problema más serio que crea se encuentra al leer las afirmaciones de Dios hechas en Génesis 8:21 y 9:15. Dios dice en estos versos, que Él nunca más inundará la Tierra como lo hizo en los días de Noé. Ahora pues, si Su acción fue solamente el causar una inundación local en el valle de Mesopotamia, entonces la promesa de no volver a hacer tal cosa jamás ha sido rota una y otra vez en los siglos siguientes. ¡Esta explicación del diluvio no hace nada más que poner en tela de juicio la veracidad de Dios!

Como un último ejemplo de la incapacidad de la teoría de la brecha de armonizar con el contenido entero de las Escrituras, veamos un momento un verso particularmente importante, Romanos 14:12. Este verso habla de la responsabilidad individual del hombre delante de Dios. Yo no soy responsable por el pecado de usted ni usted lo es del pecado mío. Mi pecado es un acto de mi voluntad y expresa mi naturaleza corrupta que he heredado de Adán. De todas maneras, soy yo solo quien debo rendir cuentas por mi relación con Dios. Puedo reclamar la sangre de Jesucristo como pago por mis pecados y ser tenido por aceptable para entrar en la presencia de Dios o, como muchos han hecho, rechazar la misericordiosa provisión ofrecida por Dios. El punto es que es un acto y decisión individual de cualquier forma. Este concepto no está escondido en textos bíblicos oscuros que requieran interpretaciones complicadas para descifrar, sino que es la afirmación explícita de todas las Escrituras. Con este pensamiento en mente, es difícil concebir la venida de un juicio desastroso sobre la Tierra y todos sus habitantes por el pecado de un ángel cuyo hogar no era la Tierra para comenzar. Esto parece ser contrario a las acciones judiciales perfectas de Dios como se registran a través de la Biblia. Abraham lo expresó muy bien cuando estaba rogando (en realidad negociando) con Dios para que no destruyera a Sodoma. En Génesis 18:25 leemos, “Lejos sea de ti el hacer tal cosa, matar al justo junto con el impío: . . . ¿No hará el Juez de toda la Tierra lo que es justo? (VKJ)” El haber matado a todos los que habitaban en la Tierra por la mala conducta de un ángel sería caprichoso en el mejor de los casos. No hay versos que declaren que toda la Tierra se volvió pecaminosa luego de una “caída” de Satanás. Cada ángel es responsable por sus propias acciones ante el Dios que lo creó, como lo soy yo.

Conclusiones

Las secciones anteriores de esta obra han procurado demostrar que la llamada “teoría de la brecha” es inaceptable desde diferentes puntos de vista. Desde una perspectiva científica no hay apoyo ni de los hechos de la ciencia ni de los postulados evolucionistas de las “edades geológicas.” En cuanto a la relación de la teoría con el contenido escritural, se ha demostrado que las “pruebas” reclamadas son superficiales y mayormente contradictorias al contexto inmediato y general de los versos aplicados. Estos problemas no son inesperados, y la aceptación incompleta de esta teoría por la comunidad bíblica no es sorprendente al considerar que el propósito principal de la teoría es un intento de reconciliación con la ciencia humanista. Este pacto de paz debe rechazarse en cualquier forma que se presente, ya que solo puede distraer la atención de las Sagradas Escrituras y no añade nada a ellas. No hay nada en el texto evaluado de Génesis que requiera un concepto como la teoría de la brecha. Nuestro entendimiento de la Palabra de Dios es importante y vital tanto en el testimonio cristiano como en la conducta de nuestra vida personal.

Es de importancia entender que esta presentación no esta encaminada a atacar a los proponentes de la teoría de la brecha, sino solo a la teoría misma. Esta teoría, originándose como lo hizo, cae dentro de la categoría de doctrina engañosa que puede tener un efecto adverso sobre aquellos que la crean. Es en este contexto que debemos hacer caso a la advertencia dada por el apóstol Pedro (2da. de Pedro 3:17-18):

“Vosotros pues, amados, puesto que ya sabéis estas cosas, guardaos con temor, no sea que arrastrados por el error de los inicuos caigáis de vuestra firmeza. Sino creced en gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (VKJ).

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Jack C. Sofield es Presidente de Servicios Científicos Sofield, Inc. y ha sido un físico consultor por muchos años. Jack es un activo exponente y conferenciante de Creación vs. Evolución en iglesias, escuelas superiores, debates, etc.


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